Bando 011 (blindaje)

(PusilániMan)

No ha pasado aún nada y ya estoy blindando mi cuerpo contra potenciales ataques. Es una práctica común, no demasiado alejada del espíritu de la escalera. La diferencia estriba en que, aquí, la precaución te obliga a cargarte de inútil armamento, ofensivo y defensivo (puyas, arco y flechas, machetes, cota de malla, escudo,… una suerte, en fin, de pesado equipo que lo único que consigue, finalmente, es mermar tu capacidad de movimiento, de anticipación), antes de cualquier encuentro en ningún campo de batalla. Si bien, suele suceder que ambos aspectos son complementarios y se pueden observar de forma simultánea en un mismo sujeto. Pero, como uno mismo no es el temido enemigo, no puede llegar a conocer profundamente la estrategia que éste diseña para atacarle, con lo que la experiencia nos puede afirmar que el curso de la afrenta no será el milimaginado, sino que terminará conduciéndose por algún resquicio pasado por alto. Y esos son los golpes que temo. Y, por eso, cada vez tiendo menos a diseñar plan  alguno de actuación, poniéndoselo así fácil al irrespetuoso destino para que no tenga que exprimir sus mientes en la busca del vil resquicio. Así, además, tal vez mi respuesta pueda obedecer más a un mero acto reflejo y la situación se salve con poco esfuerzo (o con pocas consecuencias), poniendo a salvo mi espíritu de cualquier herida de muerte.

Lo más desmotivador es que el enemigo ni siquiera haga acto de presencia. Que te encuentres esperando en la campa por alguien que no acude a su cita con las armas. Así, vestido de esperpéntico guerrero, notas al ridículo apremiándote a guarecerte con presteza bajo cualquier sombra. Y entonces redescubres el suelo sobre el que esperas, un vasto plano infértil sin pliegues o dobles capas. Y te percatas de tu desnudez. Y las armas no se caen vencidas por la gravedad porque directamente han desaparecido. Pero tú no eres tus armas y para ti no existe la misma suerte. Y tampoco puedes, desarmado, acabar contigo. Y temes que el bochornoso momento haya podido quedar registrado: no ves ojos que miran, pero los sientes, y desconoces quiénes son sus portadores. Esto último te obligará de por vida a bajar la cabeza humillado ante todas y cada una de las personas con las que hayas de cruzarte, ante la peligrosa perspectiva de que una sola de ellas pueda llegar a reconocerte…

Esta mediocre relación de conjeturas sin asiento no deja de ser otra cosa que una prueba de todo ello.

[a] Breaking point – Show me a sign

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