Aviso 001 (de gravedades)

(A.Ceguero)

“Hoy la casa pesa un poco menos… No eres consciente del camino hasta que alcanzas el final de la etapa. Lo peor es que reflexionar sobre él no sirve de mucho. Siempre imaginas cómo será la llegada, todo lo bueno que te vas a encontrar (o lo malo: depende de las premisas y de lo que el camino te vaya enseñando), pero una vez sentado a la sombra del árbol que piensas merecida, comienzas a echar de menos el vivo calor del sol, la sempiterna compañía, el polvo que tus pies levantan y que va pintando a tu espalda un nuevo paisaje… Las líneas que creíste paralelas comienzan a mostrar su verdadera dirección. Dicen que es Ley de Vida; nunca llegué a comprender muy bien el sentido de las matemáticas, y, ahora que veo los resultados, echo de menos un conocimiento más profundo, pero la etapa de aprendizaje asistido ha tocado a su fin, lo de volar es un acto íntimo…”

Nos hemos encontrado esta nota mientras hacíamos limpieza en el gabinete. Desconocemos a su autor y no confiamos en que aparezca, pero albergamos la esperanza de que su potencial receptor pueda llegar a conocer el mensaje. De momento, colgamos el aviso en el tablón de anuncios. No sé, a lo mejor termina por aparecer su destinatario y nuestra acción se convierte en un acto útil.

[a] Fair to midland – Vice/versa

Bando 017 (juicio sin valor)

(Luther Blissett)

Maldito juicio. Contra todo reglamento, estoy obligado a mostrar pruebas de mi inocencia. Si me declaran inocente, gano mi libertad. Si, por el contrario, el veredicto es de culpabilidad, me condenan a sufrir cautiverio durante un año y un día. Si mi comportamiento es ejemplar, tras el pago de la consiguiente fianza, me dejan en libertad con cargos de conciencia en apenas tres meses. Crucen los dedos, y miren a los dos lados antes de hacerlo, no sea que venga algún coche…

Para todos los encausados: justicia y suerte.

[a] Our Lady Peace – Innocent

Bando 016 (novelado)

(PusilániMan)

Resulta peculiar esa sensación que, de vez en cuando, me asalta y que, de no ser porque padezco de levitación y rara vez logro mantenerme con los pies en el suelo, conseguiría alcanzar su intención de horrorizarme y hacerme pedir la carta de libertad que supone abandonar el macabro juego de la vida. No por negarlo un mayor número de veces, lograré zafarme de esta fatalidad que, por propia definición, resulta inevitable e ilegible.

Me empeño en buscar claves que generen esa novela que pretendo protagonizar: unos personajes arquetípicos, unas tramas brillantes, unas anécdotas que engorden las páginas y refresquen la memoria, unos escenarios de abarcable infinitud y desbordante personalidad; yo contra todos para conseguir el reconocimiento eterno de los otros todos.

¿Y qué es lo sucede finalmente? Que voy apareciendo, sin previo aviso, en otras novelas, en relatos fantásticos, historias de violencia y desengaño, costumbristas, históricas… interpretando, según la ocasión, a bufones, salvadores, lacayos o, incluso, apareciendo como mero reparto o como, lo que es aún más desasosegante, un simple y liso frontis. Yo estuve en la página 25 de aquel libro censurable, en la 100 de esa obra que mereció tantos reconocimientos, revolví en unas cuantas hojas de aquella biografía apócrifa, incluso fui aquel indeseable que anunciaba al comienzo del libro la terrible noticia…

Pero tengo la espina clavada de no haber podido generar mi propia leyenda, de haber carecido del poder de aparecer en tantos párrafos como hubiera deseado y decidido, actuando según mi albedrío y no para satisfacer los designios marcados por el autor de turno.

Sé que no puedo pergeñar mi propia fábula a partir de mis concursos en otras novelas, pues el resultado sería burdo, disonante y falso; no pueden alcanzar a comprender los unos los papeles que me reservaron los otros, la falta de tacto, la ceguera o el despotismo que me fue aplastando hasta convertirme en carne de imprenta.

Existen ciertos textos en curso vigente de los que, como en los demás, desconozco la conformación del fin y la distancia que me separa de él. Me asusta el rumbo que están cogiendo algunos de ellos y estoy empezando a pensar que prefiero que no pasen de relatos cortos: una novela larga puede convertirse en una tortura y, de tener que sufrir un final trágico, prefiero la resolución de aquél frente a la morbosa agonía que me conduciría hasta las páginas finales de la novela.

Y aunque nadie lo sospeche,
echo yo también de menos
que me cuenten en poemas
para rimar en sus versos
con palabras que reciten
que mi vida fue, de hecho,
la que siempre deseé
y que no fue sólo un sueño.

[a] Flickerstick – Pistol in my hand

Bando 014 (sin esperanza)

(Perogrullo)

Señores, nada me queda cuando he de suponer a la esperanza como lo último que se pierde. Si es así, nada tengo. Mientras anoto esto, soy un muerto en vida, pues, por simple lógica, el aire ya tampoco me pertenece. Continuando con el proceso lógico: si el aire no me pertenece, no soy digno de respirarlo, uno no es ladrón, uno tiene su dignidad. Corrijo: habiendo perdido la esperanza, comprendo que en anteriores estadios se me cayó, asimismo, la dignidad. Sin dignidad, puedo respirar, pues sin valores de por medio, el latrocinio no existe. Si puedo respirar, debo admitir que no estoy muerto. Estoy vivo. Si poseo el aire que me permite seguir viviendo, es obvio que sigo albergando esperanza. En fin, la única salida posible ante tal estado de parálisis pasaría por atentar contra uno mismo. Como no estoy dispuesto a sufrir semejante sacrificio, quedo expuesto a la condena de vivir por siempre con un hálito de esperanza. Y tus tajantes palabras no pueden hacer nada al respecto.

[a] Buckethead – Coma (feat. Azam Ali & Serj Tankian)

Se sale el armario

Un armario guiando al pueblo

(El gabinete)

Hemos preguntado a PusilániMan si esto era otro autorretrato, pero la respuesta ha sido negativa. Hubo ciertas risas cuando apareció en el gabinete con esta foto, parecía tan evidente… Le dijimos que, para poder publicar la imagen, era necesario que redactase un informe con todos los datos relevantes: lugar, fecha, variables climáticas, tipo de cámara… No ha sido capaz de hacerlo, oh, sorpresa, así que ahora nos toca al resto añadir, con más imaginación que rigor, y tirando de demagogia, las valoraciones que estimemos oportunas con el fin de lograr una aproximación decorosa al motivo publicado:

¿Qué significa este armario en medio del campo, PusilániMan? ¿Qué quieres que hagamos, que descifremos la razón de su presencia, que hurguemos en sus baldas vacías, que vayamos a cambiarlo de sitio? ¿Qué hace esa pieza de madera humanizada delante de sus orígenes? ¿Les guía? Y, si lo hace, ¿adónde?

El extrañamiento como recurso para despertar nuestro interés logra su objetivo, pero nos inquieta la cotidianeidad con que pretende mostrarse ante nosotros, la presunta casualidad del hecho retratado, la ausencia de intencionalidad. Esa doble faceta de objeto inanimado pero consciente produce, a medida que nos acercamos a su razón de ser, una desazón irracional…

Tal vez no sea más que una prosopopeya carente de palabras, un concepto sin mensaje, un modo de mirar, sólo de mirar, no de obligar a mirar. Quizá no pretendías que hiciéramos nada con esta foto aparte de publicarla. Y eso hemos hecho finalmente, dejando en el tintero fútiles elucubraciones y estériles devaneos. No te puedes figurar todo lo que habíamos llegado a imaginar: si mañana te pasas por aquí, te lo contamos; estas cosas es mejor que queden entre nosotros (si tú supieras… A.Ceguero pasaba de nosotros y, literalmente, escudriñaba bajo las ramas de los chopos del fondo. A veces, me pregunto quién nos eligió para este puesto).

[a] Dredg – Bug eyes

Bando 013 (remirando)

(A.Ceguero)

Hoy estamos de enhorabuena porque el fundador de esta nuestra página ha sido referenciado por esa señorita que mira de esa manera tan peculiar a las cosas. A falta de más prácticas aportaciones y recomendando encarecidamente la visita asidua de su confortable cajón de sastre, les emplazo a que hoy me lean aquí.

[a] Los Delinqüentes – El aire de la calle

Bando 666

(Falacio)

Sí, lo sé, no es éste el que sigue en la lista, pero me he permitido la concesión de colarlo aquí porque veo poco claro alcanzar este número de bandos allá por el dos mil ciento y pico, tal día como hoy, pero dentro de un siglo. Lo cierto es que lo único que ha alterado su orden es el propio nombre del bando; no cometeré la desfachatez de traer aquí también datos que puedan modificar el curso de la historia, que sé que son ustedes muy dados a la oportunidad, al aprovechamiento del conocimiento para el mero interés individual. Además, sospecho que no serían capaces de guardar el secreto.

Como el hecho de publicar un bando y no llegar a anunciar nada en él es, en cierto modo, anómalo, basaré su utilidad en el comunicado extraoficial (porque su remitente ha sido la señorita CarcaVera, acompañante del gabinete, pero no miembro) por el cual ella quiere hacerles saber que, si son ustedes tan amables como curiosos de pinchar sobre la [a] que aparece delante del nombre de la canción que eventualmente suene por el hilo musical, tendrán la posibilidad de bajarse el tema y escucharlo en su reproductor de música tantas veces como deseen. Compartir es vivir, queridos y fieles (“nosotros nos mantenemos fieles…”) lectores.

En mi azafate (temporal)

(CarcaVera)

“Siento esta aparente superficialidad, esta trivialidad que hace de nexo entre nosotros. Contengo palabras más sentidas que luchan por salir de mi boca en un alarde de temeridad: las veto, no conozco la bienvenida  que se pueden encontrar a su llegada, y me temo que no sea una fiesta cuando antes no han avisado de sus intenciones. Me esfuerzo por hacer gala de una ambigüedad que no cierre ninguna esperanza. Quiero ser cursi, ñoño, zalamero. Alzo el dedo ensalivado en busca del mejor viento; lástima, no sopla a favor. Intento comunicar con la mirada lo que mis labios no moldean, pero el sol fustiga mi espalda y no encuentro rayos que generen esa chispa en la retina imprescindible para que tú notes algo. Ya no me vale el hola y adiós y un beso en la mejilla, las fórmulas, las convenciones, esos formalismos insidiosos… Y temo el momento, de inevitable aparición, en que la relación, a falta de nutrientes, comience a marchitarse, se pierda el cosquilleo, y esas palabras vacuas que ahora pronuncio acaben por ser las que siento”.

Imaginen cómo me he quedado al encontrarme esta nota. ¿Es esto una declaración de amor, de intenciones qué van más allá de una relación meramente profesional? Desgraciadamente, no va firmada: estoy rodeada por una legión de cobardes. Lamento la inevitabilidad que se adivina en su conclusión, el hecho cierto de que, censurando el anhelado paso al frente, sus palabras se carguen de razón y queden verificadas por la realidad frustrante que obvia la metáfora y descansa sobre relaciones simples, directas, que no conoce nada más allá de los fenómenos que la generan y conforman. Lo lamento por él, por ese anónimo cercano que ha creído/querido ver en mis acciones un significado trascendente similar al que él se esfuerza en otorgar a cada uno de sus movimientos; debe de ser agotador. E improductivo.

[a] The Goo Goo Dolls – Become