Cursos de verano (Matemáticas)

(PusilániMan)

 Imagina que yo soy una f(x)=(x+1)/(x+3) y tú una simple y=1. Imagínatelo. Eso sí que es un destino cabrón…

[a] Thrice – Red Sky

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Bando 024 (de tentaciones)

(PusilániMan)

 Vuelvo a caer en la falta de tentación, en la más inane apatía, en la muerte por desmotivación. Sueltan los hilos y yo no hago nada por evitar la caída. Hay a mi alrededor puertas con carteles sugerentes, anuncios luminosos, formas voluptuosas. Pero yo me mantengo tendido sobre el suelo. Las perspectivas desde una posición erguida eran inmejorables. A ras de suelo, todo se ve como una escenografía, la representación falsa e incompleta de un mundo que realmente existe, pero que no da el paso para acercarse a su profeta. Y yo no tengo ánimos para ir en su busca. Lo veo. Lo miro. Me fascina. Me resbala. Se oscurece. Se aleja. Me quedo solo. El peso de mi desgana comienza a producir asiento sobre el suelo, que se hunde irremisiblemente. Pierdo de vista los resplandores que se escurren por debajo de las puertas. El tiempo no se detiene, su ronroneo me enerva. Los llamativos carteles de vistosas leyendas acompañan a los anteriores en su incesante marcha. El éxito de la comitiva es tal que hasta los reclamos más altos sucumben a su atracción. El horizonte coloniza cotas más elevadas y mengua su intangible infinitud, la luz es ahora la cola de aquel cometa de placeres de órbita contrahecha. Y yo soy el único que se salva del agujero negro. Ahora todo está oscuro.

[a] South – Straight lines to bad lands

Bando 023 (el baile)

baile

(PusilániMan)

 Nada parece importar fuera de la melodía que la conjunción de sus mentes crea y que sus cuerpos ejecutan con natural maestría. El equilibrio surge de ellos y rodea los rastros de materia que inundan el extinto vacío para dotarlo de unas bases sobre las que provocar la creación de un universo propio, el único para el cual ahora viven. Pronto sus formas confusas dejarán de nombrarse en plural y, así, fundidos, podrán olvidar el pasado, tanto el que fue como el que aún no ha llegado, pues la atención permanente que la nueva identidad exigirá, contemplará al eterno presente como exclusivo momento posible.

Bando 016 (novelado)

(PusilániMan)

Resulta peculiar esa sensación que, de vez en cuando, me asalta y que, de no ser porque padezco de levitación y rara vez logro mantenerme con los pies en el suelo, conseguiría alcanzar su intención de horrorizarme y hacerme pedir la carta de libertad que supone abandonar el macabro juego de la vida. No por negarlo un mayor número de veces, lograré zafarme de esta fatalidad que, por propia definición, resulta inevitable e ilegible.

Me empeño en buscar claves que generen esa novela que pretendo protagonizar: unos personajes arquetípicos, unas tramas brillantes, unas anécdotas que engorden las páginas y refresquen la memoria, unos escenarios de abarcable infinitud y desbordante personalidad; yo contra todos para conseguir el reconocimiento eterno de los otros todos.

¿Y qué es lo sucede finalmente? Que voy apareciendo, sin previo aviso, en otras novelas, en relatos fantásticos, historias de violencia y desengaño, costumbristas, históricas… interpretando, según la ocasión, a bufones, salvadores, lacayos o, incluso, apareciendo como mero reparto o como, lo que es aún más desasosegante, un simple y liso frontis. Yo estuve en la página 25 de aquel libro censurable, en la 100 de esa obra que mereció tantos reconocimientos, revolví en unas cuantas hojas de aquella biografía apócrifa, incluso fui aquel indeseable que anunciaba al comienzo del libro la terrible noticia…

Pero tengo la espina clavada de no haber podido generar mi propia leyenda, de haber carecido del poder de aparecer en tantos párrafos como hubiera deseado y decidido, actuando según mi albedrío y no para satisfacer los designios marcados por el autor de turno.

Sé que no puedo pergeñar mi propia fábula a partir de mis concursos en otras novelas, pues el resultado sería burdo, disonante y falso; no pueden alcanzar a comprender los unos los papeles que me reservaron los otros, la falta de tacto, la ceguera o el despotismo que me fue aplastando hasta convertirme en carne de imprenta.

Existen ciertos textos en curso vigente de los que, como en los demás, desconozco la conformación del fin y la distancia que me separa de él. Me asusta el rumbo que están cogiendo algunos de ellos y estoy empezando a pensar que prefiero que no pasen de relatos cortos: una novela larga puede convertirse en una tortura y, de tener que sufrir un final trágico, prefiero la resolución de aquél frente a la morbosa agonía que me conduciría hasta las páginas finales de la novela.

Y aunque nadie lo sospeche,
echo yo también de menos
que me cuenten en poemas
para rimar en sus versos
con palabras que reciten
que mi vida fue, de hecho,
la que siempre deseé
y que no fue sólo un sueño.

[a] Flickerstick – Pistol in my hand

Bando 011 (blindaje)

(PusilániMan)

No ha pasado aún nada y ya estoy blindando mi cuerpo contra potenciales ataques. Es una práctica común, no demasiado alejada del espíritu de la escalera. La diferencia estriba en que, aquí, la precaución te obliga a cargarte de inútil armamento, ofensivo y defensivo (puyas, arco y flechas, machetes, cota de malla, escudo,… una suerte, en fin, de pesado equipo que lo único que consigue, finalmente, es mermar tu capacidad de movimiento, de anticipación), antes de cualquier encuentro en ningún campo de batalla. Si bien, suele suceder que ambos aspectos son complementarios y se pueden observar de forma simultánea en un mismo sujeto. Pero, como uno mismo no es el temido enemigo, no puede llegar a conocer profundamente la estrategia que éste diseña para atacarle, con lo que la experiencia nos puede afirmar que el curso de la afrenta no será el milimaginado, sino que terminará conduciéndose por algún resquicio pasado por alto. Y esos son los golpes que temo. Y, por eso, cada vez tiendo menos a diseñar plan  alguno de actuación, poniéndoselo así fácil al irrespetuoso destino para que no tenga que exprimir sus mientes en la busca del vil resquicio. Así, además, tal vez mi respuesta pueda obedecer más a un mero acto reflejo y la situación se salve con poco esfuerzo (o con pocas consecuencias), poniendo a salvo mi espíritu de cualquier herida de muerte.

Lo más desmotivador es que el enemigo ni siquiera haga acto de presencia. Que te encuentres esperando en la campa por alguien que no acude a su cita con las armas. Así, vestido de esperpéntico guerrero, notas al ridículo apremiándote a guarecerte con presteza bajo cualquier sombra. Y entonces redescubres el suelo sobre el que esperas, un vasto plano infértil sin pliegues o dobles capas. Y te percatas de tu desnudez. Y las armas no se caen vencidas por la gravedad porque directamente han desaparecido. Pero tú no eres tus armas y para ti no existe la misma suerte. Y tampoco puedes, desarmado, acabar contigo. Y temes que el bochornoso momento haya podido quedar registrado: no ves ojos que miran, pero los sientes, y desconoces quiénes son sus portadores. Esto último te obligará de por vida a bajar la cabeza humillado ante todas y cada una de las personas con las que hayas de cruzarte, ante la peligrosa perspectiva de que una sola de ellas pueda llegar a reconocerte…

Esta mediocre relación de conjeturas sin asiento no deja de ser otra cosa que una prueba de todo ello.

[a] Breaking point – Show me a sign

Bando 010 (mundo pasillo)

(PusilániMan)

No ocurre nada cuando no se toma nota de ello. No cae el árbol. Ni siquiera hay árbol. No hay mundo más allá de las fachadas que limitan las calles, la nada campa tras la esquina a la que no te asomas, el río desaparece tras el puente para nacer nuevo al otro lado. Mi mundo está hecho de pasillos. La tierra es redonda para evitar el inútil gasto material que supone descubrir el mar desde el eventual acantilado al que cada uno de nosotros pudiera asomarse.

La interacción entre personas permite la fluidez del sistema y el necesario oreamiento. Conociendo los senderos del otro, podemos ampliar nuestro campo vital gracias, principalmente, a las luces que se mantienen encendidas en mayor o menor cantidad dependiendo de la transitabilidad que tenga la travesía. Del mismo modo, dando a conocer los diferentes ramales de nuestro hormiguero particular, logramos afianzar su presencia, crear vínculos, limar esquinas.

Tengo pasillos abiertos muy lejos de aquí, apenas conectados por un hilo algunos de ellos: dormí en el transporte que me ubicó al pie de sus mismísimas puertas ; y siguen aguardándome sin perder una esperanza, que, en principio, es compartida. El deterioro neuronal conduce a la clausura de determinados rincones, la calle se va haciendo más corta, más estrecha, más oscura y, muchas veces, termina muriendo sin haber repetido el encuentro que supuso para ella la vida. Y teniendo yo conciencia de ello, puede volver la luz a escenarios lejanos.

Muchos pasillos corren demasiado cerca unos de otros, al borde de la colisión, pero el negro vacío entre ellos es, a menudo, irrecuperable. Desazona el hecho de pensar en esa aparente oscuridad como territorio vedado, pero lleno también de vida; viajar en diferentes frecuencias complica la posibilidad de llegar a descubrirlo y de conseguir implantar nuestra propia bandera al lado de otras ya clavadas con anterioridad, y de poder hacerlo todo lo cerca que las partes acuerden (la injerencia en espacio ajeno abusando del desconocimiento prójimo es causa de un destierro inmediato que impedirá contemplar el crecimiento del pasillo a lo largo, ancho, alto y profundo de su historia). Lo cierto es que debemos acostumbrarnos a vivir en nuestro propio deambulatorio, con la firme intención de ensancharlo tanto como podamos, pero sin caer en la tentación de conquistar espacios existentes con el propósito de hacerlos yermos de otra vida que no sea la nuestra.

Visiten mis pasillos, mis túneles finitos en dimensión pero infinitos por principios (recuerden que siguen creciendo). Hoy caminaré por calles desconocidas que me abran nuevas vías ante el predecible atasco de otras, colonizadas sin permiso por bestias creadas por el sueño de la razón, que me observan desafiantes cuando asomo a su pequeño gueto y me dicen que, de ser yo, ni lo intentarían.

No me busquen aquí… Sigan mi rastro a lo largo de mis pasillos espacio-emocionales, no será difícil encontrarme. Los cristales de escaparate rotos son otra posible pista.

[a] Index case – Why dreams bleed

Bando 009 (reunir fuerzas)

(PusilániMan)

Reunir fuerzas para acatar las órdenes que equivalen a condenas de deshecho inmune al cariño. No seguir invocando reflejos más allá de la brisa que rompe en espadas de sangre y seda. Abrir el lubricán con maneras de remanso compulsivo, como en recuerdos ahogados por montañas de jinetes desbocados. Y así, al no luchar en porciones punzantes de vida, sumergirse con la vista reposando sobre la rezumante nada, sorbiendo ráfagas leves de apretado entusiasmo. O implorando por lágrimas que no conocen el suelo tembloroso que el tiempo procura en sucintos arrebatos de temor ardiente. No es más que un suspiro amigo envuelto en medias verdades azules, ondulantes que lo engasan como finas lunas de sílice. Tal vez mañana reparen en su miedo al destino apabullante, encerrados en praderas silbantes de eterno letargo compungido, pero no hoy, llorosos en mitad de un montón de cenizas arrogantes que no temen a la ira de quien nunca supo componer caducos rincones de pudiente silencio. (o ejemplo de escritura semi-automática)

[a] Allele – Lost in your words

Autorretrato 001

cadena

(PusilániMan)

Así me veo yo. Como una cadena; como una parte integrante del sistema de transmisión que permite trasladar la fuerza y el movimiento de un elemento a otro. Me gusta el hecho de pensar que puedo hacerlo sin necesidad de que ambos elementos estén en contacto directo. Y, dependiendo de las dimensiones humanas de los platos dentados elegidos, hacer que el sistema global avance más deprisa o más despacio, con un sutil tira y afloja, pero sin soltar nunca a nadie.

Piensa el gabinete que sufro una máxima elongación, que mis eslabones ya no encajan perfectamente en el dentado, y que quizá sea más práctico cambiar de cadena. No tengo ánimo para tratar de convencerles de lo contrario. Son muchos años en esto y me deprime la idea de no estar a la altura de lo que se me pide, pues es un cargo que me gusta. Disfruto al pensar que la diplomacia es esto: una cadena en búsqueda constante de la mejor transmisión. Pero yo solo soy inútil; el aislamiento es parálisis, la colaboración es avance, la solidaridad es evolución.

Sí, sólo estaba buscando compasión…

Disculpas (Comunicado Oficial 002)

Estamos un tanto circunspectos después de lo contemplado en el último post. De verdad que no nos esperábamos lo sucedido, no le tomamos en serio cuando nos imploró que le eximiéramos de una responsabilidad tan opresiva. Es un caso inaudito, que abre numerosos interrogantes (qué hace aquí, cómo llegó, por qué, qué podemos hacer con él…). Tras una reunión de urgencia, y sin pleno convencimiento, hemos pensado que tal vez lo mejor sea delegar en él actividades más livianas. PusilániMan se encargará, a partir de este mismo momento, del aspecto visual, entendiendo como tal la publicación de fotos y poco más. No se malinterprete nuestra decisión, no es un sublime fotógrafo, pero sí el único que tiene cámara de fotos. A modo de terapia, estamos abiertos a la posibilidad de que comente él mismo sus propias imágenes. En otras ocasiones, debido a la dificultad intrínseca del tema fotografiado, será alguno de sus compañeros quien lo haga. Probín…

Comunicado oficial 001

(PusilániMan)

 Pocas veces me he encontrado con tamaña empresa: se me ruega a mí ser el primer ambagedor que haga un comunicado público en nombre del grupo completo. Dio igual que me negase en redondo a aceptar, que amenazara con dimitir, que llorara; nadie quiso escucharme, la diplomacia no es infalible. Les advertí convenientemente de lo erróneo de su acuerdo. Yo no soy capaz de llevar a buen puerto lo que me piden; no creo que tenga los suficientes recursos para hacerlo; y aún me aguardan otras muchas tareas en mi despacho. Además, son tantas las cosas que debería decir, que no soy capaz de discernir cuáles son las más importantes, cuáles las secundarias y qué es de lo que debo prescindir. Y no quisieron hacerme caso. Y con qué cara voy yo mañana hasta el gabinete. Cómo les digo que estuve a punto de intentarlo… Lo siento, quizá mi próxima misiva obedezca a unos patrones más claros y goce de una prosa más sucinta; pero sólo quizá, tal vez no me vuelvan a dejar tocar un teclado.