Contra mi campo semántico

La familia de mi madre vino de otro planeta. Lo cuenta ella en sus memorias. Cuando la mente ha hecho todo el camino que va del pensamiento mágico que escuda la ignorancia al conocimiento racional que dice que la realidad es lo medible y, por tanto, lo otro, lo que aún no hemos registrado, es charlatanería, es doloroso dar la vuelta y desandar lo que fue diseñado como viaje exclusivo de ida.

Dice en sus memorias que nuestra tecnología, la de los seres humanos, se entiende, no puede curarnos la ceguera. Yo soy ser humano al cien por cien porque la raza de mi madre no se reproduce al estilo de los mamíferos. Mis genes son mitad de mi padre y mitad de una muestra artificial basada en un promedio del genoma mundial, por decirlo de alguna manera. Algo así he querido entender. Por tanto, su influencia sobre mí ha venido exclusivamente de la convivencia diaria. Aunque hablar de convivencia diaria es más bien arrastrar un convencionalismo, pues de ella no tengo más que los recuerdos de las tardes de domingo, que era cuando podíamos ir a visitarla. En los primeros tiempos pasábamos el rato en una pequeña sala con salida directa a un jardín en el que varias especies de árboles convivían con juegos infantiles. Me asomo a los recuerdos de aquello con nostalgia. Ahora veo que era feliz, quizá sin gozar de la felicidad plena de vivir en una familia normal, pero entonces la posibilidad de una felicidad más plena ni siquiera era planteable.

Es lo mismo que pasa con la raza extraterrestre de mi madre: la mente humana no está preparada para concebir su existencia. Y, en ese aspecto, vivimos plenos, pensando que o bien hemos alcanzado la cota de conocimiento en ese campo o bien, al menos, vamos por el buen camino. Lo cierto es que es un camino que ha partido en un sentido equivocado. La humanidad entera tendrá que desandarlo, y habrá lágrimas y accidentes y mucho polvo y enfrentamientos entre los que ya están viniendo y los que aún siguen yendo. Quién sabe, igual no somos capaces de romper la inercia y, tras la masacre de los que cambiaron el sentido de sus pasos, el rodillo de ignorancia siga creciendo y aplastando todas las hierbas que van anunciando la proximidad del abismo.

En los últimos años, aquella salita con salida al jardín fue sustituida por un cuarto más reducido, amueblado con un sofá gastado de dos plazas y una pequeña mesa coronada con una jarra de plástico y unos vasos del mismo material.

Reconozco en el hueco de la plaza izquierda del sofá el culo de mi madre. Ahora lo ocupo yo. Hoy es día de visita y, como el cuarto tiene mala ventilación, aún prevalece el olor del sexo.


 

09/05/2014

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s